Una Cruzada Sobre Ruedas

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El Nuevo Día
Author: 
Sara Del Valle Hernández
Date: 
10/19/2006
Correr libremente por los campos del noreste de Nevada lo marcó para siempre. De la misma forma, crecer en una familia que fomentaba en sus hijos la creencia de que era posible un mundo en el que los seres humanos pudieran vivir en armonía con la Naturaleza hizo que sintiera respeto por su entorno.

Sin embargo, cuando Matthew Roth llegó a la Gran Manzana en 1999 se dio cuenta que lo que había internalizado en sus años de formación chocaba de frente con la realidad que día tras día vivían los neoyorquinos.

Los espacios abiertos eran reducidos y muy asépticos. Las calles tenían un solo dueño: los autos, esas pequeñas fortalezas en las que una gran parte de la población pasa considerable tiempo. Además, todo aquel que se atreviera a cuestionar esa "lógica" era tildado de agente antisocial y problemático.

Esto último no amedrentó al joven ciclista de 29 años, quien luego de conocer el corazón de la también llamada Babel de Hierro tras pasear en bicicleta por sus intrincadas calles, decidió que tenía que hacer algo para cambiar las cosas.

Roth, quien habla español con acento argentino aprendido en la Universidad de Buenos Aires, lo cuenta así. "Durante mi primer año en Nueva York, me moví en el 'subway'. Pero cuando recorrí la ciudad de Nueva York en bicicleta, me di cuenta que no la conocía. Cuando pude olerla, verla, vivirla... todo cambió", sostiene a la vez que entorna sus ojos azules como si pudiera sentir el aire en su cara mientras monta su bicicleta.

Durante esos paseos reveladores no sólo se dio cuenta de que no conocía la ciudad que ha hecho su hogar, sino que que entre las pocas instalaciones para estacionar su bicicleta y las prohibiciones del Estado, era muy difícil, a veces imposible, recorrerla con libertad.

Esa epifanía lo llevó a reunirse con un grupo de personas que compartía con él la misma preocupación: cómo mostrarle a las autoridades y al público que la bicicleta no debía ser vista como un pasatiempo más, sino que es un excelente medio de transporte: más económico, que ocupa menos espacio y no es absolutamente nada contaminante.

Es en este momento que deciden retomar la idea de convocar a la Masa Crítica, una bicicletada que se realiza mensualmente como instrumento de lucha política para reclamar el derecho de los ciclistas al espacio público. Este experimento se realizó en Nueva York por primera vez en 1993, pero no atrajo la cantidad de personas que se esperaba.

Según la página ciberespacial critical-mass.info la primera bicicleta de este tipo se celebró en la ciudad de San Francisco en septiembre de 1992, y rápidamente se extendió por Estados Unidos y el mundo. El término, que fue acuñado por el diseñador de vehículos de tracción humana George Bliss, tiene su origen en las teorías que sostienen que una revolución social es posible cuando una cantidad considerable de personas (una "masa crítica") apoya una idea.

"Eso fue en 1999. Decidimos hacer grupos para correr porque es más seguro, somos más visibles y educamos a los conductores, (pues) pueden ver otra realidad (la del ciclista)".

Durante la Masa, los participantes ocupan todos los carriles de las calles de Nueva York para acentuar su posición de que el movimiento de bicicletas debe considerarse algo tan normal como el de los vehículos de motor.

El activista, quien estuvo en Puerto Rico invitado por la Universidad Interamericana de Puerto Rico para hablar en un foro sobre libertades civiles, explica que la Masa no tiene lideres, "hay mucho de boca en boca... Le llamamos la xerocracia, de Xerox, por las fotocopias en las que se hacen las convocatorias y por lo de cero líderes".

Este evento ha encontrado la resistencia del Estado. De hecho, los enfrentamientos entre los ciclistas y la Policía han suscitado agresiones físicas y el arresto de los manifestantes.

Y aunque Roth ha sido objeto de algunas agresiones y fue arrestado en agosto de 2004 por su militancia, se reafirma en que es equivocada la visión del gobierno estadounidense de construir ciudades para los autos, no para los seres humanos.

"La ciudad es un medio ambiente y ahora mismo no hay balance. Hay 14 veces más peatones, pero los carros tienen 60% del espacio. Los ciclistas no tenemos la misma dignidad ante las autoridades", puntualiza.

"Nuestra posición es que debemos buscar maneras para usar el espacio (de forma) más eficiente. En algunos casos es conveniente usar el auto, pero su protagonismo", añade mientras hace una mueca de desagrado. Asimismo, el ciclista cita estudios en los que se evidencia que el impacto del auto afecta la calidad de vida de las personas. "El calentamiento global es un hecho y hay estudios que apuntan a que las emisiones de los autos contribuyen a ello".

Además de estas bicicletadas, Roth canaliza su activismo a través de Transportation Alternatives (www.transalt.org), organización no gubernamental que trabaja para el desarrollo de medios alternos de transportación en Nueva York, y de Times Up (www.times-up.org), grupo que lucha por el reconocimiento de la bicicleta como el vehículo ideal para una sociedad autosustentable.

"A través de estas organizaciones hacemos trabajo social: hablamos con asambleístas, alcaldes... hacemos estudios sobre la transportación... Buscamos crear conciencia, que se adapten las leyes a la nueva realidad que suponen los ciclistas".

Matthew nació en Santa Barbara, California, en el seno de una familia de padres hippies, Richard y Susan. Tiene una hermana menor llamada Erin.

"Mis padres vivían en una comuna, allí cosechaban comida para vender... Soy producto de las visiones de un mundo mejor", recuerda.

Posteriormente, la familia completa se mudó a Nevada. Allí su padre se encarga de la finca que compró el líder de la comuna en la que vivieron en California.

En Nevada, sus únicos vecinos eran las vacas que pastaban tranquilas en los predios de esa propiedad, pues había que recorrer de 30 a 40 millas para llegar al lugar habitado más próximo. Se dedicó a correr caballos y a admirar la impresionante vista que tenía ante sí.

Roth apostilla que aunque en la ciudad de Nueva York nació su conciencia social, fue durante esos años en Nevada que desarrolló su fascinación por los espacios públicos.

Cuando cumplió 13 años se mudó a Salt Lake City, en Utah, donde cursó la secundaria. Junto a los mexicanos con los que trabajó en varios restaurantes aprendió sus primeras palabras en español. "Malas palabras básicamente", dice riéndose.

Esa base seguramente le sirvió para aprender más rápido español mientras estudiaba en Argentina filosofía y letras españolas. Eso, y la novia de esa nacionalidad que tuvo y que no hablaba inglés. También estuvo cinco meses en Brasil, donde aprendió portugués y capoeira.

¿Y qué fue a buscar a América del Sur? "Quería ir a un lugar lejos para conocer otra realidad. Me di cuenta que aunque los profesores ganan poco en las universidades públicas, no como en Estados Unidos, son comprometidos... La experiencia fue impresionante, cambió mi vida", resume este combatiente sobre ruedas para quien los cambios se han convertido en una constante en su vida.

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